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El bosque y la madera. Oro verde desperdiciado.

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Bosque botado

Revista No. 89

“La mayoría de las tierras de Nicaragua son de vocación forestal, pero el país no tiene una cultura forestal. Nadie ve los árboles como un recurso que pueda generar beneficios todo el tiempo...”

Cuenta Sandra Tijerino, especialista en el tema:

“Vas al banco y te dicen: -¿Ya está limpio para prestarte? Tenés que botar los árboles, quemar y empastar para ser sujeto de crédito...”.

La madera se ha manejado tradicionalmente como un mineral: se corta y se saca, pero ni se maneja ni se siembra. El otro problema grave es que la mayoría se bota y se quema: no se ocupa para nada.

Según Ove Faurby, ingeniero forestal y especialista en estos temas, esto quiere decir que se aprovecha más o menos la décima parte de lo que se corta. El resto se quema o se pudre en el lugar donde fue tumbado.

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Cargando madera
La realidad es que la pobreza y la falta de alternativas, siguen impulsando a miles de campesinos a buscar “tierras nacionales”, que en realidad pertenecen a comunidades indígenas que no tienen títulos de propiedad que las amparen, lo que es un motivo de tensión permanente entre colonos e indígenas y sigue causando la destrucción de los bosques.

¿Por qué el campesino prefiere talar y quemar una hectárea de bosque para sembrar maíz, si en ella puede producir unos 200 metros cúbicos3 de madera, de los cuáles entre 50 y 150 son maderables? Ove Faurby lo explica en las siguientes páginas.

¿Por qué cortan árboles para sembrar maíz?
Ove Faurby lo explica así:

“Es sencillo: el campesino no desperdiciaría un palo, si tuviera oportunidad de ganar algo por él. ¿Por qué los árboles no tienen ningún valor económico? Lo primero, porque para sacarlos del bosque se requieren medios, equipos y caminos que no hay, y lo segundo, porque nadie le compra la madera.

Lo más que puede vender es la caoba y el cedro, consiguiendo de 500 a 800 córdobas “por mata” (un árbol con varios metros cúbicos de madera), lo que supone entre el uno y el ocho por ciento de su valor real.

Las maderas llamadas “blancas”, las otras 200 especies de árboles que puede haber en una hectárea de bosque tropical, aunque son más baratas (su precio anda por los 50 Córbobas el metro cúbico), es muy difícil venderlas porque los compradores son pocos comparado con la oferta.
¿Por qué? Lo primero por el precio: legalizar, cortar, aserrar y transportar al Pacífico una pulgada de madera proveniente de la Costa Atlántica cuesta entre tres y cuatro córdobas. Eso quiere decir que maderas corrientes que sólo se pueden vender a uno ó dos córdobas la pulgada, sencillamente no llegan al Pacífico...”

Hay otro sinnúmero de problemas: desconocimiento, tecnología obsoleta que impide trabajar las maderas duras de calidad, falta de hornos de secado, falta de demanda para maderas no tradicionales...

Todo esto hace que el bosque tenga un valor escasísimo para el campesino, pero también reivindica la figura del maderero, que siempre se ha visto como el villano de la película: si no fuera por él, ni tan siquiera se podría comercializar ese diez por ciento que no se quema o se pudre en el bosque. ¡La madera todavía abunda en Nicaragua, pero el avance de la frontera agrícola desperdicia la mayor parte! ¡Hasta que no se logre que una manzana de bosque valga más que una manzana de potrero seguiran cortando los árboles!

Una posibilidad para el desarrollo...
La humanidad siempre ha usado la madera para suplir sus necesidades de energía, vivienda, medios de transporte y herramientas.

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Muebles
Promover políticas que intentan prohibir el uso del bosque secundario y perseguir a los madereros, es desconocer esta realidad y no querer entender que mientras la madera sea necesaria para la humanidad y tenga un valor comercial, siempre va a haber personas que se dediquen a esta actividad. La solución: producir madera de forma sostenible, para garantizar el futuro de este recurso y del bosque.

En Nicaragua Ove Faurby valora que fuera de las reservas y de las áreas protegidas, cuyos árboles no se pueden tocar, se podrían producir de manera sostenible 20 millones de metros cúbicos de madera al año. Como todos los aserríos del país apenas pueden procesar unos 300 mil metros cúbicos al año con la capacidad actual, se requerirían 66 años para procesar sólo lo que nuestros bosques pueden producir en un año sin comprometer su futuro.

Pero la cosa va más allá: si en la actualidad unos diez mil carpinteros en todo el país apenas tienen capacidad de transformar en muebles cien mil metros cúbicos ¡Imagínense los puestos de trabajo que podría crear una industria nacional que trabajara nuestra madera sin dañar los bosques!

Si un carpintero trabaja diez metros cúbicos al año, con 20 millones de metros cúbicos habría trabajo para 2 millones de personas, es decir, todos los adultos de Nicaragua.

Tansformar la madera en el país implica otro montón de necesidades -un ejemplo: todo lo que ocupa el sector desde la herramienta más chiquita a la lija o la pega, tiene que ser importado-, pero con una política de nación podríamos hacer de este recurso el eje de nuestro desarrollo, preservando nuestros bosques para siempre. Todavía es tiempo.


Descargar PDF: 1157813842_El bosque y la madera.pdf

Subtema: Madera y forraje

Categoria: Sociedad

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